lunes, 2 de marzo de 2009

el yorch y que nos habita


Hay memorias que están desencontradas.
Se fueron para invernar durante siglos, luego aparecieron, pero no son ellas: Son un espectro; una fascinación del reciclaje.


Nos dicen, con infinito amor, que debemos creer en los cambios,
que se acercan revoluciones.
Nos dicen, pero no nos dicen a nosotros.


Hay memorias que viajan en la diáspora.
Se dispersan y se juntan como animales resentidos.


En este escenario, nos absorbemos hacia el mundo; pero, somos un país incapaz de abrirse.
Es cómo recibir, pero no dejar salir ese desconcierto de la historia.


En esta ocasión colocamos un billete en un símbolo de la ciudad. Un monumento que se juega en su ambivalencia:
Por una parte es la nueva y bolivariana esencia de la revolución; por otro lado es la imagen de marca del Proyecto urbanístico MALECÓN 2000.
Era necesario travestir a Simón y Martín y, con ello, travestir lo que quieren que digamos, lo que creen que somos.


Cuando se ha perdido la facultad de decirse, solo nos queda el silencio. En el silencio se crea el limbo de la amnesia.
Solo siendo capaz de narrarse, uno puede enunciar y reconocer a su fantasma darle forma, darle muerte o, cierta muerte, que es algo parecido a la calma.


Hablar con nuestra voz, es la capacidad que nos quitaron para enfrentar nuestro vacío.
Ecuador es como habitar en la tierra eterna de un sueño inconcluso.


Hay memorias que están desenfocadas, pero igual nos habitan, como el Yorch que cargamos en la billetera.