viernes, 23 de enero de 2009

ACTO I

Alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a mi Señor (bis)
Y a los chanchitos y a los ex presidentes con ojo de vidrio,
Y a Jasú que baila tan bonito
Porque alguien ya dio el número de los redimidos y todos alababan al Señor y a su séquito.


Nuestras calles son como cualquier calle en cualquier lugar del mundo, pero este mundo circunstancial nos indigna.

Es vital recuperar la noción de ciudad, para esto, es necesario replantear los gestos. Proponemos el hurto como vía de análisis, robar lo que sirve para legitimar estructuras. Porque nuestro robo no implica la acción per se, es un acto más cruel, es un robo de significados. La violencia no entiende la narrativa de lo cotidiano, solo piensa en un bloque de progreso, se ampara en la asepsia de un futuro. Intervenir el signo crea un acontecimiento: ante esto, la violencia muere.

Mediante una intervención urbana de desobediencia civil, se generan acciones subversivas contra los objetos auráticos. Es por esto que decidimos despojar, mediante la ludicidad, del sentido solemne que habita en los escenarios del Poder en Guayaquil. Cometemos un acto mayor al parricidio, cometemos un acto de travestismo al Poder: No mataremos al Padre, lo travestiremos.
Somos PataCaliente, un colectivo que surge de la indignación. Nuestro quehacer es el análisis de la comunicación y su rol en la ciudad. No entendemos a la comunicación como un lugar tradicional que solo ampara a los medios, sino más bien, la abarcamos desde el cuerpo, las intervenciones, la desobediencia, como forma de comunicación del malestar postmoderno. Nos hacemos y deshacemos: lo efímero de nuestra práctica cultural, evidencia una forma de trabajo continuo; esta paradoja, define la forma en la que haremos comunicación.

No queremos morir, pero a cada paso nos topamos con muertos. Algunos yacen en los escritorios. Otros en sindicatos. Otros en universidades. La palabra es acción, el acto es más que resistencia, es una postura capaz de anular el discurso imperante de estos tiempos. Hay una guerra constante que se libra en la mente de los sujetos: el objetivo es la anestesia.

PataCaliente propone una documentación de este sentir. No planteamos un entrar agresivo, sino un filtrarse. Somos una grieta que recorre la ciudad, dejamos nuestras casas para urbanear por la bahía, y comprar películas piratas con el afán de autopiratearnos. Somos como la maldita circunstancia del agua, y de los lechuguines. Somos y estamos indignados, por eso apalabramos lo sabroso de la ría y decimos Adonde voy no llego, adonde estoy resbalo no es porque sea bueno tampoco soy tan malo.
Como personajes que creen ser lobos y merodean por el salado: nosotros reptamos. Vamos escribiendo sobre una ciudad, que no quiere decirse.
PATACALIENTE